El regreso a clases presenciales

El regreso a clases presenciales

En estos días he atendido algunos padres y madres de familia muy preocupados e incluso ansiosos por la entrada a clases.

Comentan como les preocupa que sus hijos vayan a contagiarse y todo lo que pueda suceder. Claro que tienen razón de sentir preocupación por la salud de sus hijos y sus familias.
Se cuestionan sobre el efecto de que los niños pasen tanto tiempo en las casas sin contacto social. Los estudios recientes han demostrado que no es sano pasar tanto tiempo aislado; los niños necesitan contacto social, jugar al aire libre, compartir con otros niños y aprender en el aula.

Si pusiéramos las dos opciones: quedarse en la casa para evitar contagiarse y, regresar a clases para evitar problemas emocionales; claramente para unos se inclinaría en un sentido u otro, y los dos son igualmente válidos.

Las conclusiones a las que hemos llegado en mi consulta es que se ha realizado un trabajo educativo en cuanto al autocuidado durante todo un año y en las casas hemos aprendido a cuidarnos lo mejor que podemos. Los docentes han enseñado sobre la forma adecuada de cuidarse, ya sea en la educación en modalidad virtual o presencial, así como a quienes asisten a guarderías. Debemos confiar en estos procesos educativos y en la enorme capacidad de los pequeños para adaptarse a las nuevas circunstancias. Sin dejar de lado que los centros educativos hacen lo mejor posible en cuanto a los protocolos establecidos y la responsabilidad social.

Es muy válido y respetable considerar el no enviar a sus hijos a clases presenciales, así como es natural el temor de enviarlos de forma presencial. No anticipemos cosas que no han ocurrido, a veces nuestra imaginación nos lleva a ideas que no están sucediendo y que es probable que además nunca sucedan.

Si vamos a enviar a nuestros niños a los centros educativos, informémonos sobre los protocolos, la forma en que nosotros podemos colaborar y confiar que las cosas se van a hacer de la mejor manera. Es necesario estar muy pendientes de cómo se va desarrollando el curso lectivo y conocer lo que sucede durante el día a día.

Ayudemos a nuestros hijos, enseñándoles a cuidarse y vivir de forma responsable la “nueva normalidad” que le ha tocado vivir a esta generación.

Recordemos que, la ansiedad viene cuando anticipamos situaciones futuras negativas, que por no ser reales en este momento son imaginarias. Claro que pondrían suceder, pero seguramente no sucederán, aunque las vivimos como si fueran una realidad en el momento. Se trata de vivir y resolver lo más próximo y no anticipar demasiado.

Revisemos cómo estamos gestionando nuestras emociones; nosotros somos el modelo para nuestros hijos y ellos aprenden de cómo lo hacemos nosotros.

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